La violencia machista es un problema de salud pública

Reivindicamos la lucha por el #NiUnaMenos y repudiamos todo tipo de violencia contra las mujeres, ¿Cómo lograr ese objetivo desde quienes trabajamos en la salud?

La violencia machista lesiona la salud de las mujeres y de los colectivos de la diversidad sexual, la salud tal como la entendemos abarca la integralidad de cada persona, su bienestar físico y emocional. Para que se vea afectada no es necesario llegar a un golpe, un moretón, perder un órgano, perder la capacidad reproductiva, llegar a estar internadas o perder la vida. No es necesario ese extremo para que se configure la violencia como un problema de salud. 

La violencia machista se hace presente mucho antes de la muerte de la víctima, el problema de poner el ojo solo en quienes pierden la vida en manos de un femicida nos lleva a pensar soluciones tardías. La única opción posible es la prevención, y quienes estamos en el sector de la salud sabemos y profesamos que la prevención es menos costosa y más eficiente que la cura, que la medicación, que llegar tarde y tener que resolverlo. También sabemos que las redes de personas capacitadas son elementales, y que el objetivo debe ser llegar a toda la sociedad, porque la única manera de resolver la violencia de género es impactar en todas las personas que pueden ejercerla y sufrirla, en cada argentino y argentina. 

Según el registro del Observatorio Lucía Pérez, en lo que va del 2021 se registraron en la Argentina 54 femicidios, sabemos que los casos que toman mayor repercusión están en todos los medios de comunicación, pero debemos ser conscientes de que la prevención debe ejercerse día a día en todos lados, en cada pueblo, en cada municipio, en cada barrio abierto o cerrado. No es cuestión de clase social ni de posibilidad de acceso, y desde la salud hay mucho por hacer, desde las grandes prepagas hasta cada salita de atención primaria se debe y se puede brindar respuesta a este flagelo. 

Cada una de las fallas en nuestro sistema que nos lleva a este desgraciado final, nos contiene y muchas veces las protagonizamos o somos cómplices. Si no queremos más femicidios, debemos reconocer que no queremos naturalizar nunca más la violencia física, sexual, económica, psicológica, doméstica e institucional, y empezar a cambiar desde la intimidad del hogar y de cada espacio que nos sea cotidiano, la escuela, el club,  la facultad o el trabajo.

Es importante ver todo el panorama, saber que cada micromachismo, cada chiste cosificante, cada comentario que contenga mensajes y metamensajes que descalifiquen a las mujeres e identidades feminizadas, cada asignación de tareas en forma desigual, contienen en germen de la violencia. Desde el sector de la salud debemos aprender a escuchar y a dar respuesta, una escucha activa de un profesional de la salud puede cortar la espiral de violencia. 

Si logramos ese cambio, si entendemos que la violencia machista es un mal que nos atraviesa como sociedad, si somos conscientes de que podemos impactar positivamente con pequeñas acciones, si dejamos de pensar que las mujeres somos inferiores respecto de los varones, si dejamos de infantilizar nuestros pensamientos, proyectos y decisiones, si nos repartimos las tareas de cuidado, si podemos acceder a los mismos puestos por los mismos salarios, si no tenemos que dejar la escuela para maternar, si no tenemos que dejar de estudiar para cuidar a las y los ancianos y menores, si podemos pensar en una igualdad real de oportunidades, entonces la violencia ejercida desde la desigualdad de poder inevitablemente se detiene.

Pero requiere un gran esfuerzo, hablar con nuestros amigos varones cuando detectamos un comentario machista, hablar con nuestras familias sobre nuevas formas de relacionarnos más igualitarias, animarnos a hablar en nuestro trabajo sobre el acceso a puestos laborales, unirnos en redes donde podamos compartir las experiencias que nos lastimaron y saber que no somos un hecho aislado. 

Estamos en una sociedad que decide cambiar, un buen diagnóstico nos dará las herramientas para prevenir y no tener que lamentar más pérdidas. 

Por Ivana, por Ursula y por todas. #NiUnaMenos

Por Cintia Capellán

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